Huyendo de la arquitectura tan “especial” del levante uno se puede refugiar en Altea. Es un pueblo en lo alto de una montaña, lleno de casas de color blanco. En él hay dos cosas que llaman la atención: una es el hecho de que desde muchas calles se puede ver el mar de un color azul muy vivo. La otra es el restaurante ¿japonés? llamado “El Gaucho”, en el que se puede saborear comida italiana. Mientras comes (muy bien, por cierto) puedes ver a las hijas de una japonesa, camarera y , probablemente, propietaria, que colorean un cuadernillo de “Hello Kitty” y juegan escaleras arriba, escaleras abajo. Al final del banquete estupendos postres y las hojas coloreadas, más estupendas si cabe.
La verdad es que no hay playa que se precie que no tenga una feria aneja. En las imágenes (parecen un anuncio de Camper) se pueden ver norias, caballito(s), camas elásticas y demás atracciones. Mención especial merecen los gritos de Inma desde el segundo dos de estar en la noria (la verdad es que con las vueltas se fue calmando, hasta alcanzar un estado normal). Para los que no hayan ido a una buena (con arena en el suelo, churros y pollos asados) hace tiempo, os lo recomiendo. Me faltó conseguir un peluche disparando a palillos con una escopeta torcida, pero el balance general de la experiencia es de lo más positivo.
Fue gracias a la imagen que espectador de “Cuarto Milenio” envió a la cadena, que Iker pudo comenzar con la investigación del asombroso caso de la niña sirena. Según fuentes de “Cuatro”, el equipo de parapsicólogos del programa está dedicado en cuerpo y alma al extraño caso. “No habíamos visto nada semejante desde el caso de la lanza de Longinos y las bases extraterrestres en la luna”, declara el portavoz del grupo. De momento, las únicas filtraciones informativas de las que disponemos son las primeras palabras de la sirena; “esa maldita cámara hace muy anchas mis caderas”. Mantendremos al pueblo llano informado de cualquier otra novedad sobre el suceso.
Por Chueca. Aprovechando que era la fiesta de orgullo gay nos pasamos por ver el ambiente (no te asustes mamá...). Todo era muy divertido pero Ima se portó muy mal. De todas formas, como tu hijo es muy bueno la llevó a un restaurante chinorris-japonés y cenó con ella. Luego nos persiguió un loco y nos reímos mucho una vez nos vimos en el coche. Cosas de los Madriles...
Siguiendo la línea de mínimo esfuerzo (y sufrimiento) que marcan unas vacaciones como Dios manda, nos desplazamos al festival de Almagro para ver a Els Joglars. La obra interpretada fue “En un Lugar de Manhattan”. La obra me gustó mucho y Fontserè estuvo inmenso (para variar). Cuando salga en cassete te la compro.
Inma y Marisa entrando en la Hospedería.
La Hospedería por dentro. Un sitio precioso para cenar.
Hace unos días estuvimos en “El Pago del Vicario”. Esto es un vino, un hotel y una bodega (como la Santísima Trinidad, pero inteligible). El sitio resultó de lo más “chic” y el restaurante impresionante (del vino ni hablamos). Las imágenes dan una idea de lo que era el hotel y la bodega. Por cierto, como había bicicletas a disposición de los clientes (para dar un paseo entre vides) las probamos y nos hemos aficionado al deporte de las dos ruedas. Que tiemble Indurain.
Hasta el curso que viene. Descansamos y dejamos atrás una dosis de locura laboral de lo más sana. El jefe del Euromillón, los conserjes locos y los mundiales de fútbol-oficina que acabaron con el jarrón de Silvia verán la luz de nuevo en un par de meses. Hasta entonces.